Reflexión del Diácono Darrell Buono
Querida Familia de Blessed Trinity, Este domingo tenemos la oportunidad de reflexionar sobre una de mis lecturas favoritas del Evangelio. Se trata de la confesión de fe de San Pedro en Cesarea de Filipo. Es una de mis favoritas porque puedo imaginarme fácilmente en esa escena.
Jesús les hace a los discípulos un par de preguntas. Quiere saber qué dice la gente acerca de Él: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?" Ellos responden: "Unos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas". Entonces Jesús dirige la pregunta hacia ellos: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Debió haber habido uno o dos momentos de silencio. La pregunta tocaba el corazón mismo de su relación con Él. Entonces Simón Pedro, claramente el portavoz del grupo, responde: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Hace este gran testimonio de fe, esta proclamación que demuestra que ha comprendido. Su disposición a decirlo en voz alta habla de lo que le ha sido revelado. No dice: "Creo que eres el Hijo de Dios". Lo proclama con firmeza. Y es sobre esta declaración de fe que Jesús edifica la Iglesia. Él declara: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".
No es casualidad que esto haya sucedido en Cesarea de Filipo, un lugar conocido por el culto a los dioses paganos. El testimonio de Pedro estaba diciendo que Jesús no era simplemente otro de esos falsos dioses a los que tantas personas dedicaban su tiempo y adoración. No; Pedro estaba proclamando que Jesús es el Hijo del Dios vivo. Estaba declarando que Jesús no es simplemente una opción entre muchas. Él es la elección definitiva.
Con frecuencia siento que el Señor me hace la misma pregunta: "¿Quién dices tú que soy yo?" ¿Es Él realmente lo más importante en mi vida? ¿Es Él en quien fundamento todas mis demás decisiones? O, más bien, ¿solo me concentro en Él cuando me resulta conveniente o cómodo? El mundo de hoy está lleno de opciones que fácilmente pueden convertirse en nuestros ídolos. Podemos preguntarnos: ¿Es aquello que adoramos la búsqueda del dinero, del poder o del dominio sobre los demás? ¿Perdemos tiempo desplazándonos continuamente en nuestros teléfonos, en lugar de permitirnos ser conscientes de la presencia de Dios? ¿Vemos a Cristo en aquellos que tienen necesidad? Por medio de nuestra vida, ¿quién decimos que es el Señor?
Nuestra respuesta no puede limitarse simplemente a nuestras palabras. También debe reflejarse en nuestras acciones; en lo que hacemos y en aquello que dejamos de hacer, especialmente por las personas que forman parte de nuestra vida y que más necesitan de nosotros. Como sugerencia, durante el examen de conciencia que hacemos cada noche al finalizar nuestro día, podríamos permitir que el Señor nos haga esta pregunta sencilla pero profunda: "Hoy, ¿quién dijiste que soy yo?"
Que Dios los bendiga, Diácono Darrell